ARISTOTÉLICA
Tenía la cabeza puesta en tus recuerdos. Los ojos cargados con amaneceres, luces y el brillo de tu cabellera. La nariz apestando a tu perfume. Los oídos repletos de reclamos, te quieros y otras promesas falaces. La boca sazonada de besos forzados. Los brazos vacíos de tanto atrapar. El corazón llagado. Las piernas cansadas de correr. Los pies sangrantes transitando tus inútiles sendas. El alma aterida y desconfiada por quererte…
Afortunadamente, sé que soy más que la suma de cada una de mis partes.
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