20/06/09

EXPLORACIÓN

Después de innumerables noches de insomnio, atravesando bajo un sopor inclemente los espesos cenagales de la memoria, logré arribar (a golpes de hacha metódica) a lo más hondo de mi alma para arrancarme el corazón que ya me incomodaba. Tomé entre mis manos el trozo de materia fláccida y escurridiza, y lo levanté sobre mi cabeza para ofrecerlo a los gallinazos que revoloteaban sobre el lugar. Ellos descendieron ávidos sobre la presa y la devoraron en segundos pues, como es bien sabido, a ellos les fascina la carroña.