ALGO NO ANDA BIEN AQUÍ
“No sé por qué guardo entre los pasos
la absurda esperanza de encontrarme”
Germán Villamizar
Sábado 10:30 p.m.
Sucede casi siempre cuando pasan estas cosas. Primero, un vértigo insostenible, un golpe certero de la sangre dentro de los ojos; luego, el hervor definitivo de la ira y sin pensarlo termino yéndome muy despacio hacia lo más profundo del abismo, envuelto en una lluvia de patadas, insultos y recriminaciones que casi termina en el momento en que está a punto de reventar esa fe que llevo atada a la muñeca derecha. Otro de esos desafortunados encuentros en los que no quiero caer, pero que me buscan como una jauría de mastines insaciables enviados por alguien que no desea seguir viendo este rostro sonriente recorrer las malditas calles. El asfalto es quien siempre me acoge, el que abre sus delicados dedos para recibir cada gota de sangre que brota de mi boca después de todos los golpes y escupitajos. Es como una suave flor en loa que caigo y me desvanezco en un sueño en el que ya no soy Román Angarita, sino aquel hombre que extiende su mano hacia Dios y busca en la uña de su dedo ese mensaje final que vendrá a redimirlo del letargo.
Buscar los dedos de Dios... sí, pero ¿cuál Dios? Ese que nos abandonó a nuestra suerte hace mucho tiempo, el mismo que en el principio de la historia justificó una larga cadena de explotación y miseria: “Comerás el pan con el sudor de tu frente”; el que se reserva para sí lo mejor de nosotros y cada día nos exige más... Dios que se esconde detrás de los anuncios, detrás de las canecas y me manda sus mensajeros disfrazados de ángeles caídos para recoger el instante exacto en que mi cuerpo retorcido por el dolor se inclina ante su omnipotencia; para echarse a reír cada vez que me abren la cara a bofetadas... en suma, para complacerse con el balido renegado de esta oveja blanquinegra que se rehúsa a volver al redil.
Pero hay que poner las manos en el suelo y volver a empezar. Sacudirse el polvo de la derrota y lucir orgulloso las heridas por la causa, esas medallas fugaces que se ganan cuando una da la cara para que se la rompan, sin permitirse un solo suspiro o una sola queja. Y quien se tambalea ahora por las calles es el mismo que llega siempre con los ojos derrotados a los brazos de Maira “la incondicional”, el que se muere si no lo acarician con la punta de la lengua en aquel sitio en el que Dios es sólo un recuerdo. Maira, Maira que se acerca con su voz de invierno y los cubitos de hielo en la mano.
¡Uy marica, le iban dando duro esta vez! Mire como lo dejaron, huevón... esa berraca maña suya de andarle buscando problema a todos. ¿No me prometió que cuando saliéramos del teatro nos veníamos de una para acá? Pero no, claro, como el señor es Don Román, el más duro de los duros... cuál pasito, déjese atender. Hombre, quédese quieto que así no lo puedo curar, si le duele pues se jodió... qué ¿y cuántos eran esta vez? ¿Tres? No marica, definitivamente usted está loco. Me importa un culo que estuviera con Alberto y con Lucas, a ellos no los quiero como a usted y si les pasa algo... eso es otra cosa. Ay carajo Román ¿cuándo va a aprender?
Y como siempre: al final Maira y sus ojitos grises perdidos en lo más lejano de la habitación, mirándome con esa horrible mezcla de amor, compasión y odio; el cabello negro sobre mi pecho buscando echar raíces para no perderse en medio de esta enorme ciudad y la boca siempre lista para una canción. La noche es eterna entre tus dedos, amor mío, y tu solo duermes lejos de mí llenando el espacio de mi ansiedad con tu ronroneo y tu cara aplastada bajo las pesadillas que me contarás mañana como si me dieras quejas... ¿cuándo acabará todo esto? ¿Qué haré cuando al mirarme en tus ojos ya no me reconozca más? Tal vez mañana cuando despierte, tu cuerpo sobre las sábanas tibias será igual a todos los demás y los besos que broten de tus labios se estrellarán en los míos como olas que llevan tras de sí el cadáver que juntos hemos construido en cada una de estas noches. Nos tomaremos de las manos y sabremos que todo ha terminado, que esa historia de Maira y Román no tenía futuro porque desde el principio jugaron mal la partida y ninguno habrá perdido ni tendrá que llorar el dolor que lleva dentro... duerme amor mío. Sueña con los ángeles que esta noche le reventaron la jeta a tu novio.
Lunes 6: 45 a.m.
El silencio es el mismo de todas las mañanas, todos abren la boca al mismo tiempo paro nadie dice nada. Embutidos como están en los afanes cotidianos, En llegar pronto para vencer el paso violento del reloj; pensando que quizá el café y las tostadas estaban deliciosos
pero que quien los hizo ni siquiera tuvo la oportunidad de saberlo, porque era tanta la prisa que hasta ahora, treinta y cinco minutos después, se dan cuenta de eso. Esclavos de un Tiempo que los marca día tras día con líneas inquebrantables, recorren las avenidas con las gotas de agua aún frescas sobre el cabello, los zapatos perfectamente embetunados y en la cara el maquillaje que hace más presentable la miseria que llevan por dentro. Pero todos están al fondo soportando cada día las mismas cosas, las mentiras de siempre, el apretón y los empujones en el bus, pisando las cabezas de los demás para sobresalir en medio de tantos desconocidos que se van hundiendo sin remedio en el fondo de la cloaca... y yo con mi carita de niño bueno, de estudiante de colegio que no rompe un plato, miro por la ventanilla y los veo pasar aferrados a la esperanza de fin de mes, a las interminables filas detrás de la felicidad en billetes de cincuenta mil... debo ser distinto a los demás, no creeré en esas patrañas que vende un sistema corrupto que desgasta a diario miles de vidas en las fábricas, en las oficinas. Todos van a trabajar para ganar el dinero con qué comprar la comida para poder tener la energía para ir a trabajar. Ese círculo vicioso que rodea y pudre a esta ciudad se va cerrando cada vez más alrededor de los jóvenes que nos vamos quedando sin opciones: o agarramos la corbata y la camisa y nos dedicamos al trabajo, o nos jodimos y moriremos de hambre... Quizá de hambre no, pues allí siempre estarán los viejos poniéndole la espalda al sol y al agua para traernos el alimento, pues los polluelos que aún sin plumas en el cuerpo no se atreven a volar, solamente tienen que abrir el pico y el gusano cae del cielo directo al gaznate. Vida fácil y cómoda que ignora por completo los enfrentamientos y la lucha cotidiana, dice mi papá... el colegio aparece en la próxima esquina y me apresuro a timbrar, cuando una mano corta el camino hacia el timbre y de repente se abren unos ojos negros sobre mí y me empujan hacia lo más hondo del misterio y del terror. Algo no anda bien aquí.
Lunes 10:30 a.m
“Varias veces he venido insistiéndoles a ustedes, jóvenes, sobre la importancia de lo que harán al salir de aquí. Recuerden que el bachillerato no es para siempre (gracias a Dios), y ya este año concluyen su larga e inoficiosa estancia en nuestra querida institución y aún no saben qué hacer ¿verdad? Por eso muchachos es que deben asistir a los talleres de orientación profesional que dictará la profesora Marcela en las horas de la tarde. Es del todo necesario que los aprovechen y decida qué quieren hacer con sus vidas en el futuro. De ustedes y sólo de ustedes depende que la vida que hasta ahora han llevado se convierta en algo mejor o termine arruinándose definitivamente. Ahí les dejo esa inquietud. Que tengan un buen día.”
¿Qué estará haciendo Maira en este instante? Tal vez se ha refugiado en una de esas charlas insulsas y fugaces en que la envuelven sus amigas: la música de siempre, la que vibra en el aire y que a los DJ les da la gana pasar, el perfume más dulce, la blusa más ajustada, el jean más provocador, el tipo más bueno... ¿quién dijo que tú escoges lo que quieres? Nada de lo que te rodea tú lo eliges, todo te es impuesto. La ropa que llevas, la albóndiga del almuerzo, el aire que respiras, el hombre que amas... todo viene de fuera. El destino que trazan tus ojos desde el amanecer y que va de escote en escote, de cabellera en cabellera ya ha sido recorrido de antemano, pero no lo recuerdas. Cómo podrías recordarlo si aún te hundes en el asombro y las cosas te parecen recién creadas, como sacadas del cubilete del mago que te encuentras todos los días camino del colegio. Maira: no te pierdas en esos abismos a donde te llevan, toma mi mano de ángel caído y subamos juntos, lejos del tedio que nos impregna cada día su saliva viscosa y maloliente. No permitas que tus rizos negros vuelen lejos y se pudran como flores muertas. Abre tus ojos de nieve y huye conmigo.
Martes, 4:45 p.m
Los ojos del bus tienen un nombre: Sonia. Vaya uno a saber por qué le ocurren a uno estas cosas, pero así es siempre. Los golpes en mi cara aún están frescos, a pesar de los cuidados y las profundas caricias de Maira que se ha desgastado todas estas tardes limpiando los rezagos de mi terquedad. Pobrecita, llega a mi casa a las dos, siempre después del noticiero con su falda a cuadros y el pelo enredado en el aire; tira la maleta en cualquier rincón del cuarto y saca el mertiolate y la gasa. Vocación de enfermera temprana. La he visto leyendo folletos de esos que reparten ahora los institutos, se queda mirando hacia arriba, pensando quizá en un traje blanco y un saquito azul, en un futuro lleno de agujas y algodones... vuelve a mirarme con todo el gris de sus ojos y me pregunta si estoy bien; le digo que no porque aún me arde y ella simplemente me llena la cara con suaves besos y palabras llenas de viento y corazones descubiertos. Maira, la enfermera, fantasía erótica nunca cumplida, me da pena, y si su mamá llega, ya está tarde, hablamos mañana Román, y Maira ya se ha ido y sólo queda la puerta y sus vidrios martillados por donde se cuela insensible la luz del poste.
Sonia; sí, la conocí esta tarde en el taller literario. Rafael y su eterna teoría del vivir poético: la luna que se desnuda silenciosa sobre el agua nunca sabrá que la contemplo boca arriba. Pero de nuevo Sonia ojos negros y el cúmulo de las presentaciones innecesarias, un nombre, una dirección, un teléfono, qué te gusta hacer, qué te disgusta, qué marca de ropa interior usas, a qué huele la noche en tu secreta intimidad... Otra vez Román Angarita soñando despierto para fugarse de las cuatro paredes llenas de afiches y unos cuantos libros. Un ejercicio para el taller del jueves y habrá terminado el martes.
Viernes, 12:30 p.m
El Vocero, periódico estudiantil. Número 05, año 1
La ventanilla poética
ENFERMERA
Vendrás esta tarde, como tantas,
Envuelta en blancas fajas y llena de frío.
Vendrás esta tarde, lluvia solemne
A lavar mis heridas con el agua de tu llanto.
Andarás los mismos pasos de siempre,
Los que te embarran los zapatos y la cara;
El pecho apretado y las caderas llenas,
Bailando desnuda por las calles desiertas.
Golpearás la puerta una, dos, tres veces;
Retrocederás para asomarte al cielo.
El pelo negro, los ojos grises
Esperarán callados, sentados en el andén.
Romangar.
A veces sueño con cosas así. Con Maira que toma el periódico en las manos y no lo puede creer, me dice loco, idiota y otras cosas que me susurra más adentro del oído. Tal vez la quiero demasiado; mis amigos también me dicen loco, idiota, hay que avisparse, detrás de esos ojos de nieve hay una pantera, duerme un volcán apagado... si lo sabré yo que conozco casi todos sus movimientos y me sé de memoria las líneas que dibuja su cuerpo delgado sobre el calor de la tarde. Un helado para refrescarnos y de nuevo la inevitable separación, hoy no puedo ir a su casa, porque tengo que acompañar a mi mamá al centro, lo llamo cuando llegue. Un beso frío y baboso. El final ha llegado.
Las piedras en la calle y los ojos de Sonia son lo mismo: un fastidio enorme. Taller del jueves y presento mi ejercicio orgulloso. Lo leo despacio, procurando que cada palabra golpee exactamente en el rincón de vacío que le corresponde; enfermera en mi mente, Maira va llenando lentamente la atmósfera del salón. Al final, elogio de Rafael que se deshace en consideraciones sobre la potencia de las imágenes, la velocidad y el ritmo de las palabras; aunque algunos baches –eso dijo- en la forma de construcción general del ejercicio. Hasta aquí todo va bien y el ego poético de Romangar planea solitario en lo más alto de la ciudad, cuando se abate sobre él el rayo envidioso y artero de Sara Luna (sobrenombre que se da a sí misma Sonia-Todo-lo-Critico. Me parece un poco sensiblero, habla mucho y no dice nada, lleno de lugares comunes, sería mejor que se dedicara a las baladas. Un largo aullido cunde por el salón: el héroe de la tarde cae fulminado, y con las alas quemadas se refugia en lo más profundo del silencio, esperando pacientemente la oportunidad de la venganza.
Domingo 11:00 a.m
Sabe que a mí no me gustan estas cosas y aún así insiste. Tal vez cree que también debe salvar mi alma así como lo hace con mi cuerpo. Sin embargo no soy capaz de llevarle la contraria y me dejo llevar de la mano como un borrego al matadero, como un niño de pocos años al que hay que hay que conducir porque si no se perdería en medio de la gente. No sé que le ve de bueno a todo esto: un montón de gente parada durante una hora, respondiendo como zombis a unas preguntas que ni siquiera son preguntas, ejecutando una gimnasia absurda y sin sentido. De pie, sentados, de nuevo de pie, otra vez sentados, arrodillados... ahí está lo verdaderamente malo del asunto, eso de arrodillarse... Bueno, por fin acaba y obtengo la recompensa a mi sacrificio: toda la tarde para nosotros dos. ¿Hoy qué? Una película, un parque, videojuegos, un centro comercial, música. ¿Por qué se vive siempre bajo la presión de lo original? Hay que idear un plan nuevo cada ocho días para sentirse a gusto o empezará la eterna rutina del otra vez lo mismo, eso lo hicimos hace un mes, acuérdese lo que pasó la vez anterior, aquí no, está muy feo, queda muy lejos, estoy cansada... La tarde para los dos es demasiado tiempo tras del que debo correr atento a la más mínima señal de bostezo, al parpadeo constante, a las ganas de irse y dejar todo tirado. Justo ahora me acuerdo de algo que oí en la misa y no sé por qué pienso también en Sonia.
... Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los corintios.
Hermanos:
El Amor es paciente, es servicial; el Amor no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe; es decoroso, no busca su interés; no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta...
Martes 7:00 a.m
El frío intenso no ha impedido que de nuevo se cruce Sonia en el camino hacia el timbre del bus, pero esta mañana ha sido un breve espacio para una disculpa, no sé si sincera o muy bien fingida; sin embargo disculpa es disculpa y Sonia ha dejado de ser un motivo para el desquite. Pero aún sus ojos negros siguen rondando mis noches solitarias sin Maira, parece que ellos ocuparan todo el espacio después del clic de la lámpara y sólo existiera la profundidad de ese abismo que me engulle sin opción alguna de receso. Tratando de llenar mi cabeza de mensajes a Maira (que quien sabe si hace lo mismo), me he estado hablando a mí mismo, dictándome un largo monólogo en el que Sonia es el único espectador que me mira complaciente y a cada frase acertada va quitándose una por una las delicadas telas que la envuelven y la separan del débil contacto de mis labios que la buscan anhelantes. Pero todas estas cosas sólo las saben la noche que me ve con su único ojo entrecerrado y mi cuarto que soporta mis pasos insomnes en la madrugada; porque Sonia, Sara Luna, camina ahora a mi lado preguntándome qué clases tengo hoy, cuál es la que más me gusta y la que más detesto; se ríe cuando le cuento lo que ocurrió el año pasado en el laboratorio de química y de la cara del profe Vélez, y en medio de tanta payasada ha sonado el timbre y vuelvo a la realidad, a mi mundo de clases, tiza y un pizarrón del color de los ojos de Maira.
Jueves 3:00 p.m
“Verán que la poesía no es solamente decir cosas bonitas, ni decirlas en cierto número de versos o con cierta clase de palabras. La poesía, la verdadera poesía es otra cosa. Es un golpearse constantemente la cabeza contra las ventanas que no permiten ver más allá de lo obvio, tantas veces como sea necesario, hasta que ese vidrio opaco se rompa en mil pedazos y seamos capaces de contemplar con toda claridad la verdad. Pero eso no se logra de la noche a la mañana, ni mucho menos como usted pretende, Román. No se trata solamente de concentrarse y aislarse en el silencio a ver qué llega, porque sino lo que resultará de eso es un monje con asomos de escritor místico. Román, óigame: lo importante, lo realmente importante es mantener los ojos abiertos para ver qué ocurre alrededor y de ahí hacer nacer la poesía; no se le olvide: la luna que se desnuda silenciosa sobre el agua nunca sabrá que la contemplo bocarriba.”
¿Enamorado de Sonia? No lo creo. Maira sigue siendo muy importante detrás de su fachada de niña jugando a la mujer adulta, además pienso en ella todo el tiempo... casi todo el tiempo, porque a veces están otra vez Sara Luna y Sonia jugando conmigo, desordenándome las emociones, tirándose la pelota de la culpa entre ellas hasta que me mareo y cedo ante el triste destino que se me presenta en la puerta. ¿Cómo podría estar alguien enamorado de otra persona de la cual sólo conoce su nombre y una que otra conversación entrecortada por los afanes? Es absurdo apenas se piensa, no tiene sentido. Lo mío es Maira, la que me rodea en este instante con sus bracitos de muñeca de trapo y me cuenta cosas de su colegio, de sus amigas, del instituto de medicina en el que quiere estudiar después de diciembre. Los besos más reales descansan ahora en los labios rojos y gruesos que se aproximan lentamente destilando el dulce veneno que me invade y me hace hervir la sangre y el alma. Sonia pierde por ausencia injustificada, por falta de señales. Enamorado de Sonia, que idioteces se me ocurren a veces...
Viernes 1:00 p.m
... créame vieja, le estoy diciendo la verdad. Yo misma los vi cuando salía del colegio... sí, su Román, su novio andaba de muy ojito aguado con la langaruta esa de oncetrés que me cae tan mal... pilas hermana porque la vieja como que le quiere volar a su hombre...
Sábado, 9:30 a.m
Con ella las cosas siempre son así de difíciles. Cualquier cosa le destruye la confianza, la hace llorar y venir como un huracán a derribar a golpes la puerta de la casa. Hoy ha caído la nieve de sus ojos y se ha convertido en una terrible avalancha que amenaza con destruir todo lo que encuentre a su paso, incluidas viejas avionas, según lo último que dijo. Me vi ceder en silencio, callar ante todas las palabras pronunciadas y huir como un cobarde de todas las infinitas preguntas que hizo desde que llegó y que paulatinamente se fueron convirtiendo en advertencias y amenazas formales. Me impuso ese detestable sello de la propiedad privada, de las reservas y del amor sincero y comprometido. ¿Y qué podría haberle dicho? Cálmese, siéntese aquí, venga yo le explico, lo que pasa es que... la vieja excusa de que sólo somos amigos, me estaba preguntando una cosa, a todas estas ¿quién le dijo? Claro, ya sé que a mí eso no debe importarme; sin embargo, Maira, debes saber que Sonia tan sólo es un fantasma, algo que existe nada más que en las paredes de este cuarto que todas las tardes compartimos. Un soplo del aire que se cuela por la ventana no sería sino el eco de los pasos que da Sonia, Sara Luna en mi cabeza atolondrada que aún no comprende que las paredes tienen oídos y que los ojos de los demás siempre están vigilando todo lo que pasa alrededor. Triste forma la que adquiere la poesía ¿verdad Rafael? Los chismes van y vienen, de un lado para otro, siempre en distintas voces, en distintas versiones que se agrandan cada vez más y que son como una inmensa montaña que se va descuajando lentamente y se lleva todo por delante... Pero lo verdaderamente terrible es cuando ese chisme, la historia inventada, resulta siendo apenas un pálido reflejo de lo que realmente ocurrió; cuando es simplemente la punta del iceberg. Entonces no queda más remedio que refugiarse en la torpe seguridad de que pudo ser peor, de que la verdad gatea a medias y que la pataleta de Maira se calmará en tres días y todo volverá a su cauce normal, a la sana y deliciosa rutina de las curaciones vespertinas, ya para entonces completamente inútiles.
Lunes 6:45 a.m
El Espacio, el diario del pueblo.
Lunes 16 de marzo de 1998.
BELLEZA DESCUARTIZADA
Quinceañera aparece muerta cerca de su casa
(De la redacción judicial)
En la mañana de ayer el cadáver de Sonia Morales, una joven estudiante de bachillerato, fue hallado en un potrero cercano a su sitio de residencia. El cuerpo presentaba varias marcas de golpes, signos de abuso sexual y una profunda herida a la altura del cuello, que según los expertos, fue la causa de su muerte. Una vecina fue quien encontró el cadáver y de inmediato informó a la familia de la joven, quienes horas antes habían notificado a la policía la misteriosa desaparición de la menor.
La versión establecida por las primeras investigaciones realizadas sugiere que la joven, que había salido en la noche del sábado anterior a la panadería ubicada en la esquina, fue abordada por varios individuos que con amenazas la obligaron a caminar hasta el potrero ubicado en las afueras del barrio. Una vez allí habrían abusado de ella en repetidas ocasiones. Finalmente, afirman los investigadores, dando rienda suelta a su crueldad los individuos empezaron a golpearla salvajemente; y en medio del sangriento frenesí, uno de los maleantes habría sacado un arma cortopunzante y la hundió en el cuello de Sonia, provocándole con ello una profunda herida por la cual la joven se desangró hasta morir. El caso ha pasado a manos de la Fiscalía, que ha empezado las investigaciones; mientras que su adolorida familia reclama justicia...
Martes 3:45 p.m
... A todos nos entristece la muerte de Sonia, pero estamos seguros de que no morirá para siempre. Quienes la conocimos la recordaremos con inapreciable cariño, con entrañable afecto. Ya cada vez que a nuestra mente acuda la imagen de Sonia, lo hará como siempre fue ella: una muchacha alegre, feliz, llena de deseos de vivir. Aunque ahora nos duele el vernos separados de ella por ese abismo inquebrantable que es la muerte, sabemos que el adiós no será definitivo, que es tan sólo un hasta pronto; algún día nos reuniremos con ella en las Mansiones Eternas para gozar todos juntos de la paz que no termina, del descanso eterno prometido a quienes creemos en Él. Roguemos entonces, queridos hermanos, para que el Señor admita a Sonia en el gozo eterno de su Presencia. Así sea...
Domingo 10:00 a.m
Finalmente todo se ha resuelto. Maira y yo nos hemos reconciliado después de varios meses de separación. Ahora nuestros ojos miran en la misma dirección, mientras las manos se entrelazan con fuerza y Yostin empieza a dar sus primeros pasitos vacilantes e imprecisos. Es como un animalito herido que se aferra a mí con sus manitas débiles y me llena la cara de leche y saliva. Lo alzo en mis brazos y me parece como si levantara un enorme complejo, un pesado resentimiento del pasado que duerme envuelto entre pañales. Mañana me espera el trabajo en la bodega; hay que aprovechar estos instantes con la familia, este nuevo plan de domingo que me he creado para no caer en la monotonía de siempre, ese estar pensando en qué haré para evitar que Maira se diluya como una sombra... ¿Qué más podría pedirle a la vida? Una familia, un trabajo, un horario son suficientes razones para hacer a un hombre, a Román Angarita sencillamente feliz. Aquellas cosas de la poesía, la literatura y otras estupideces han quedado en el pasado. ¿Quién podría vivir decentemente y mantener a su familia haciendo versitos, escribiéndole poemas a sus amores logrados o frustrados? Sin embargo, a veces mientras me afeito, no sé por qué tengo la lejana y extraña sensación de que unos ojos negros, una luna que se desnuda silenciosa sobre el agua, me mira desde lo más profundo del infinito y me dice que algo no anda bien aquí.
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