V. Historia del Satélite
Atado etimológicamente de pies y manos, el Satélite será siempre un cuerpo celeste que gira alrededor de otro describiendo una órbita regular y perfecta. Con su voluntad irremediablemente reducida a los periplos y deseos del planeta posesivo, el pequeño y solitario trozo de materia estelar se consideraría afortunado si lograra dar el mayor número de vueltas en el menor tiempo posible; pues está convencido de que allá, en la superficie de su amado planeta, la gente que lo habita quedaría boquiabierta con tan maravillosa muestra de amor y devoción. Pero lo que el Satélite ignora por completo es que el centro de sus afanes y desvelos tan sólo lo ve como un mísero punto, una molesta mosca sideral que vuela de aquí para allá ensuciándolo todo con su desesperante inercia y sus pálidos reflejos.
De vez en cuando veo pasar un sistema Planeta-Satélite. Es fácil distinguir quién es quién, porque el planeta no puede ocultar su geografía arrogante y compleja que lo hace patente ante los ojos de los astrónomos desprevenidos, quienes observan cómo este sostiene fuertemente de la elíptica derecha al pobre Satélite, que con los ojitos bañados en el más dulce y delicado de los plenilunios, va siendo arrastrado por toda la avenida hasta el paradero más próximo donde el cuerpo mayor accede a separarse del menor hasta el próximo eclipse.
Pero no sólo existen sistemas Monosatelitales, también los hay Plurisatelitales. Estos son propios de Planetas grandes y extensos que creen abarcarlo todo al tener una o más lunas girando alrededor de sí mismos y que se dan el lujo de tener varios eclipses en el día o en la semana gracias a la complaciente idiotez de sus leales corpúsculos. Esto al Satélite no le importa, pues embelesado como está, mirando la hermosa y brillante faz del objeto de su dilección, no tiene el tiempo ni la astucia suficientes para intuir que existen otros como él, girando sin sentido alrededor de la gran masa de materia que se ríe de sus caras opacas e inertes.
Mas el Satélite seguirá en órbita alrededor de alguien por toda la eternidad, cumpliendo estrictamente los horarios establecidos para cambiar de fase y de humor: un día mostrará una alegría creciente o una inseguridad plena; una lujuria menguante o una ilusión nueva (en esta última fase es donde se debe tener más cuidado, ya que algún Planeta o estrella fugaz puede pasar muy cerca y destruir para siempre ese sistema que todos consideran el perfecto reflejo de la Armonía de las Esferas Celestes). No importará cuál sea la fase de turno, no importará si está en apogeo o perigeo; siempre que se alce la mirada se encontrará el rostro sereno de algún Satélite errante por las calles que pide a gritos la protección de cualquier Planeta.
Las Mujeres-Satélite son eso: cuerpos que viajan conservando su inercia y creyendo que en toda la galaxia no existe nada más fantástico y deslumbrante que el girar una y otra vez alrededor del mismo imbécil de siempre.
2 comentarios:
Creo que sigo teniendo razón, a pesar de tanto tiempo y distancia... Como dijeron por ahí "la Historia justificará mis palabras"
Publicar un comentario en la entrada