Historia de la Golondrina
Entre los vaivenes caprichosos del sol y las corrientes ondulantes del aire, la figura inquieta y vivaz de la golondrina planea silenciosa sobre las calles requemadas y los apretados tejados de la ciudad. A ras de suelo o desde elevadas y vertiginosas alturas, busca desesperada un lugar donde posar su cabecita atolondrada, lejos del frío y yermo paisaje que acogió sus trinos enloquecedores hasta que Natura dijo basta. Busca un refugio confortable y cálido en el que pueda reposar de tantas angustias y afanes.
La golondrina no busca una mansión, ni un palacio. Su destino son los lugares elevados, por eso los campanarios, las buhardillas de las casonas y los alares de las ruinas son su delicia y donde se halla más cómoda. Unas gruesas vigas de madera, un arquitrabe en el altillo de un viejo café o la techumbre de una vieja casa colonial serán el escondite perfecto para este tenue pulso de carne y plumas que se estremece ante la posibilidad de hallarse sola bajo la cruda intemperie. Además de la altura, la golondrina adora estos lugares porque desde allí no pierde la visión de su paisaje predilecto, que no son los campos verdes e infinitos o el laberinto de calles y ruido en el que se pierden los transeúntes, sino el cielo límpido como un inmenso mar, ese terreno siempre abierto a la fuga, a la huida entre aleteos imprecisos y aparatosos.
Por esta razón no hay que engañarse con la golondrina. Por muy feliz que parezca o por muy tranquila que se sienta en el pequeño lugar que ha demarcado con su pico agudo, en sus ojos se esconde el secreto anhelo de partir y sus alas siempre sienten la tentación del aire que impulsa el vuelo hacia tierras desconocidas, lejos de la seguridad y la paz que tanto buscaba al llegar. No es extraño, por tanto, que la golondrina permanezca solamente algún tiempo en su refugio y luego huya sin dar razón alguna. Su oficio no es la veracidad ni dar explicaciones, simplemente es un ave que va de paso.
Sin embargo, la golondrina posee una virtud: su prodigiosa memoria. Es capaz de regresar al mismo sitio que había abandonado con anterioridad para reconstruir, con exactitud casi matemática, el nido destrozado por el olvido del tiempo. No es una labor cínica ni desvergonzada, como algunos suponen, es sólo que para ella es mucho más sencillo retornar al lugar conocido y nunca hostil, que divagar en busca de nuevos y extraños abrigos. Total, la golondrina piensa que las cosas nunca cambian, aunque el deterioro de los materiales sea más que evidente y la posibilidad de la destrucción esté por caer sobre su cabeza.
¡Pobre de aquel que crea haber atrapado un pedazo de cielo al tener una mujer-golondrina entre sus manos! Su vida oscilará, como las aves migratorias, en siniestros vuelos de cercanía y lejanía, en el ir y venir de una indecisa e inconstante voluntad, y al final se hallará en un rincón solitario lleno de barro, paja y excrementos en el que resonará un doloroso eco: “Volverán las oscuras golondrinas…”
1 comentarios:
Profe Muy bnas Historias Te Felicito
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